Punto de quietud

Hoy durante la meditación que ha facilitado mi amiga 👉@gessicayoga he llegado a un estado similar al que describo en el texto que comparto más abajo. Te animo a que lo leas👇 pero sobre todo te animo a que medites para experimentar lo que describo en el texto.

El colgante de la foto tiene una larga historia, me lo regalaron mis amigas en Finlandia, el último día que las vi y prácticamente el último día que hablé con ellas… de la misma forma rápida en que se inició nuestra relación, se terminó. El colgante viajó conmigo a Madrid antes de irnos a Costa Rica y allí me lo olvidé. El colgante estuvo una temporada en casa de mis padres antes de llegar de nuevo a mis manos en un paquete que me mandaron mis padres a través de mis suegros cuando vinieron a visitarnos. Jamás lo llevé puesto en Costa Rica, me recordaba la amistad rota, el fin de las relaciones, una juventud añorada (todas esas amigas eran más jóvenes que yo y no tenían hijos)… Sin embargo, no me deshice de él, el colgante viajó de vuelta a España en mi maleta… pensé que su destino era mi amiga Silvia, al fin y al cabo es un colgante muy bonito y pensé que le gustaría… pero de Sagunto, viajó a Náquera en la mudanza y tras un trabajo de mucha introspección, me di cuenta de que el colgante me pertenecía, era un llamado a escuchar mi corazón… A raíz de ese momento comencé a escuchar mi corazón físico en mis meditaciones y a escucharlo en la toma de decisiones. Así es cómo el colgante me recuerda a Carlos Castaneda y su camino del corazón:

 “Observa cada camino detallada y deliberadamente. Hazlo tantas veces como sea necesario. Entonces te debes formular una pregunta. Es una pregunta que solamente se plantea la gente mayor. Mi maestro me la enseñó cuando yo era muy joven y mi sangre demasiado vigorosa para que la pudiera entender. Ahora la entiendo. La pregunta es: “¿Ese camino tiene corazón?”.

… Si lo tiene, el camino es bueno; si no, es inútil.

Los caminos no llevan a ninguna parte, pero unos tienen corazón y los otros no.” 


Y ahora sí, aquí va el texto:

Hoy me sumergí en lo profundo de la tierra, me convertí toda en una raíz, introducida totalmente en las profundidades del mundo subterráneo, solo sentía mi corazón latir y mis manos calientes agarrando mi colgante corazón. Mi pelo era una raíz, mis piernas, mis brazos, mi cabeza, mi tronco… todo eran raíces que se refugiaban en lo profundo de la madre tierra y me sentía tan bien; sostenida, masajeada y nutrida por ella… no había nada más, solo el calor y la oscuridad del vientre materno… me convertí en un bebé. 

Todo era perfecto, no había decisiones que tomar, tareas que resolver, conversaciones difíciles que tener… llegué al principio y al final, al punto cero y todo era pura dicha y plenitud, la antesala del principio de todos los problemas o la antesala del fin de los mismos. El miedo, la búsqueda de aprobación, la falta de amor… no existen en ese momento. 

Ahí no tenía que enfrentarme a la realidad; a tener esa conversación pendiente con mi madre, a pedir lo que es justo por mi trabajo, a expresar mis necesidades y deseos, a encontrarme conmigo misma y ver que aún no me conozco, que aún tengo mucho que madurar y aprender… 

Llegué al punto cero, al punto de quietud, el punto de equilibrio, inicio y fin. La perfección de la inmovilidad, la esencia de la ecuanimidad, la no-violencia, el amor sin condiciones, la falta de juicio, la dicha, la sencilla plenitud… 

Ahora ya sé que ese punto existe solo se tienen que dar las circunstancias adecuadas y disponer yo del momento adecuado para llegar a él, sin embargo, no lo ansío, se va a dar cuando yo lo necesite… Me he dado un baño en mi ser superior para parar, sanar y volver a empezar, sin miedo, con la confianza de que cuento con las herramientas para volver a él… porque él soy yo y yo soy él, somos uno. Nosotros somos un todo. Somos el vacío y la totalidad todo a la vez. 


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