JABÓN ORGÁNICO DE COCO

Hoy quiero compartir contigo una receta que me acompaña desde hace tres años. Es una receta para hacer jabón artesanal orgánico de coco. 

Llevo 3 años sin usar otro jabón para el cuerpo y créeme, en 3 años, la reducción de residuos que generamos como familia (Somos 4: dos adultos y dos niños) ha sido brutal, a parte de los beneficios de no poner ningún producto tóxico en nuestra piel.😁

Es cierto que el coco🥥, no es un producto local aquí en España, y que debería probar a hacer otros jabones con aceite de oliva, por ejemplo, pero éste nos funciona tan bien y es tan fácil de hacer que, sinceramente, me da pereza probar otros… 😅pero también te digo que si tienes una super receta con productos locales, por favor, pásamela. 🙏

Te animo a que la hagas, ya que es también un excelente regalo…🎁 creo que he regalado más de 50 pastillas de jabón… si estás leyendo esto y eres una de esas personas afortunadas de haber usado uno de mis jabones, te mando un abrazo enorme, mis jabones y yo te queremos, ya lo sabes. ❤️

Y si no te apetece hacerla y esperar 6 semanas a que los jabones estén listos… te animo a que los compres en👉 mi web: https://carolinaparisina.com/categoria-producto/jabones-organicos.

Es un jabón que en principio funciona como champú sólido, es cierto que si tienes pelo corto funciona, pero a mi no va bien, te animo a que lo pruebes y también te animo a que pruebes el método no poo, un método para no usar champú. Aquí te lo explica Mariano, mi compañero de vida y padre de mis hij@s. 

Decirte que yo no la inventé, la receta es de 👉 Mariana Matija.

Ingredientes (para tres barras de champú):

  • Aceite de coco (6,6 oz) (ya sé que es rara la medida, pero las balanzas digitales traen esa opción así que no debería haber problema). IMPORTANTE: Esta receta es específicamente para hacer con aceite de coco PURO y no fraccionado (es decir, el mismo que es comestible y que se pone sólido si está a temperaturas inferiores a 24ºC, o líquido en temperaturas más cálidas).
  • Agua (2,5 oz)
  • Sosa cáustica ( 1,08 oz) (sé que suena intimidante, pero siguiendo algunas recomendaciones básicas —y el sentido común— no tendrás nada que temer).

Estas son las proporciones que propone Mariana Matija en su blog, con las proporciones yo soy un poco más laxa… me gusta experimentar… así que a veces le hecho 7 onzas de coco, 3 de agua y 2 de sosa…. pero experimenta y prueba lo que mejor te vaya. He comprobado que aunque las proporciones no sean exactas, los jabones tras las 6 semanas de espera siempre quedan y funcionan bien.

Herramientas:

  • Balanza digital de cocina (imprescindible, pues todo se mide por peso y no por volumen. Un solo gramo de diferencia puede cambiar completamente la receta, así que la balanza debe ser digital, e idealmente leer dos decimales).
  • Recipiente para pesar el agua y el aceite
  • Recipiente para pesar la sosa cáustica (yo el mío lo marqué para usarlo siempre para ese fin, y no usarlo para nada más)
  • Frasco de vidrio para mezclar la soda y el agua
  • Molde (en mi caso es improvisado: un tarro de plástico de esos en los que viene el helado, que tenía guardado hace tiempo).
  • Cuchara de acero inoxidable para mezclar (también puede ser de madera, pero en ese caso asegúrate de usarla sólo para hacer jabones… jubílala de la cocina).
  • Guantes de caucho (se usan por precaución, al mezclar la sosa y el agua) (Yo, Carolina, no los uso)
  • Gafas protectoras (ídem) (Y estas tampoco, las usé las primeras veces, pero luego no me parecía necesario… siempre que tengas cuidado y estés presente es suficiente)
  • Licuadora de mano (opcional. Acelera el proceso, pero también puedes mezclarlo a mano a intervalos de 15 – 20 minutos. He probado las dos, y con las dos queda bien). Ojo: es licuadora NO batidora. La batidora mete aire a la mezcla y no necesitamos eso en este proceso.
  • Termómetro de cocina (opcional)

Lo primero es organizar todo y tener todos los materiales a la mano. Prepara un espacio de trabajo en el que puedas estar tranquila/o (yo cubrí una mesa con papel periódico para no preocuparme tanto por si se caía una gota o dos de la preparación) y al que no tengan fácil acceso tus animales o niños pequeños. Cuando tengas todo listo, pesa los ingredientes y deja todo organizado y a la mano.

Aquí viene la parte delicada, y la que normalmente hace que la gente (me incluyo) tenga miedo de probar recetas de este tipo: mezclar la sosa cáustica con el agua. Es “delicada” porque esa mezcla genera una reacción química que hace que el líquido suelte vapores irritantes (para eso son las gafas de protección- aunque yo no las uso) y también hace que suba mucho la temperatura. Pero como dije antes, no hay nada que temer. A mí me ponía muy nerviosa y por eso no me atrevía a hacer jabones, pero después de haberlo hecho una vez te puedo decir con confianza que no es para tanto, y que realmente se trata de trabajar con cuidado y aplicar el sentido común. Debes añadir la sosa al agua y no al revés, lentamente, mezclando con la cuchara de acero inoxidable y procurando mantener la cara alejada para no exponerte a los vapores. Haz esta mezcla en un lugar bien ventilado, con los guantes y las gafas puestas y con el cuerpo tan cubierto como puedas (pantalón, mangas largas, zapatos cerrados) para protegerte en caso de que algo salpique. Lo normal es que NADA salpique, pero más vale prevenir que curar. (Yo, Carolina no uso guantes, ni gafas, simplemente estoy muy presente con lo que estoy haciendo y controlo que nada salpique.)

Como te dije antes, la mezcla de agua y sosa se va a poner súper caliente; déjala que se enfríe un rato antes de agarrarla para llevarla de nuevo al espacio de trabajo. 

Aquí tienes dos opciones: 

1) usar el termómetro para asegurarte de que la mezcla esté más o menos a temperatura ambiente, o

2) dejarla enfriar suficiente rato —digamos 20 minutos— y tocar POR FUERA el recipiente para confirmar que ya esté a temperatura ambiente. Lo importante es que no haya una diferencia demasiado grande entre la temperatura del aceite y la de la mezcla de agua con soda cáustica. Pon el aceite en un recipiente de vidrio, acero inoxidable o plástico (de nuevo, el mío fue súper improvisado, un tarro que tenía guardado hace siglos) e incorpora lentamente la mezcla de agua y soda, mezclando suavemente con la cuchara de acero inoxidable

Lo que viene ahora es lo más fácil: mezclar, y mezclar más. Puedes usar una licuadora de mano para acelerar el proceso (más o menos 15 minutos), o —si no tienes una— puedes revolver a mano con la cuchara a intervalos de 15-20 minutos (más o menos 2 horas, en total).

Debes mezclar hasta llegar a lo que se conoce como “el punto de traza“, que simplemente significa que queda una traza o surco al mover la cuchara o la licuadora. Es decir: se ve “cuajado”. Yo he probado a hacerlo de las dos maneras y sí rinde mucho más con la licuadora (obvio) pero la mezcla manual no es tan tediosa como suena y fue muy emocionante ver cómo iba tomando forma de a poquito.

Cuando ha alcanzado el “punto de traza” puedes pasar la mezcla al molde (o los moldes, si son varios individuales pequeños). Yo usé un tarro de plástico que tenía guardado y funciona bien, pero es un poco difícil de desmoldar (no quería romperlo para poder volver a usarlo después); puedes usar moldes de silicona, o algún molde de vidrio o de madera forrado con trozos de plástico o de tela que te sirvan para sacar el bloque cuando ya esté sólido. Déjalo algunas horas a que se solidifique bien (con otros aceites los jabones toman un par de días en solidificar, pero con aceite de coco está listo en 3-4 horas). Sácalo de los moldes, córtalo si es necesario y ponlo en un lugar ventilado para pasar a la última fase: el proceso de curado.

¿Y qué es la fase de curado? Es una cuestión de reacciones químicas. Al hacer jabones artesanales (champú en este caso) estamos aprovechando un proceso que se llama saponificación y que se genera a partir de la combinación de un cuerpo graso (aceite de coco en este caso) un álcali (la soda cáustica) y el agua. El proceso de saponificación convierte todos esos ingredientes en una sola cosa: jabón. Es decir: en el resultado final ya el aceite no es aceite y la soda cáustica ya no es soda cáustica… juntos, se convirtieron en una cosa distinta que ya no es engrasante ni irritante. Magia, ¿no?

Hay jabones que se hacen con un proceso caliente que acelera la saponificación, pero aquí estamos preparando champú en barra con el proceso en frío, que requiere entre 4 y 6 semanas de curado.

Es esencial que tengas paciencia antes de usarlo porque sólo así podrás estar segura/o de que se han integrado bien la soda cáustica y el aceite. Y cuanto más esperes, mucho mejor… porque las barras se vuelven más sólidas, más duraderas y tienen un efecto más suave. Yo medí el pH a las 4 semanas de curado y estaba en 6, así que muy cercano a ser pH neutro… es decir, la soda cáustica ya se había integrado y la mezcla ya no era tan alcalina (y por lo tanto ya no podía ser irritante).

Al terminar de preparar la receta, lava a mano todos los materiales de trabajo con vinagre y después con agua y jabón. Si usaste algún implemento que también usas en la cocina (por ejemplo la cuchara de acero inoxidable) lávala dos veces para asegurarte de que queda bien limpia y sin residuos del proceso de preparación.

Cuando hayan pasado 4 a 6 semanas, ¡puedes empezar a usarlo!

FUENTE: 👉 https://animaldeisla.com/champu-el-conejo-feliz/ (Visita esta página para tener más información y sigue a 👉Mariana Matija, su trabajo es excelente)


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